Transmedia falsa: la ilusión de la multiplicidad y la participación.

Por Alfredo Caminos

¿Cuánto hay de simulación en la transmedia? ¿Cuándo la simulación se transforma en falsedad? Éstas y muchas preguntas más nacen a cada paso que damos en la planificación y la formulación de una narración y producción transmedial.

Simular, fingir, disimular, engañar y creer lo que no es. Mostrar mucho y que parezca poco. Enseñar poco y que se sienta como mucho. Simular actividad en algo detenido, permitir acción cuando no hay un lugar dónde actuar. Creer en formatos cuando solo hay formas, imaginar participación cuando no se puede acceder. Transmedia no es esto, pero puede parecerlo. Transmedia es la resultante de hacer el paripé. A veces es intencional, y en otras oportunidades no hay intención y alguien cree que sí.

Transmedia es una conversación, un diálogo entre participantes. Y toda conversación adapta la forma de una esfera palpable por una parte e intangible por otra. La esfera puede dilatarse, comprimirse o expandirse hasta límites insospechados. Y en esa dilatación se construye la ilusión, la participación y la multiplicidad de información. Transmedia es el resultado y la consecuencia de acciones de comunicación.

Si partimos de un origen (y en transmedia los puntos de partida son infinitos a diferencia de una narración lineal), como podría ser la centralidad que adquiere un ago (luchador) que con su ismo (oficio), se posibilita la construcción de sectores enfrentados que suponen el motor de todo relato, especialmente el antagonista y el protagonista. El origen es, entonces, esa construcción que nos permite ver las relaciones que poco a poco se van conformando por distintos espacios o territorios de actuación, tanto sean lugares físicos como ámbitos virtuales.

En las narraciones falsas, o en las transmedias simuladas, también se vuelve acción la participación de usuarios (o mejor dicho prosumidores) que interactúan y conforman el entramado de relaciones. Relaciones directas y a veces por intermedio de otros espacios o acciones. Lo cierto es que cuando la narración es transmedial el actor en comunicación también participa, ya no solo emite sino que modifica y reconstruye la recepción. Esas acciones de participación reproducen las conversaciones (entre personajes y sujetos reales) a medida que construyen un triángulo transmedial que es la base de estas nuevas narrativas. El triángulo está formado por la conversación, la participación y el territorio.

Las acciones, lo tangible, lo intangible, la ilusión, la realidad y largos etcéteras se mueven en forma directa, alrededor y pasando por el triángulo, o se alejan del espacio. Este mundo de relaciones entre lo real y lo intangible, entre la verdad y lo falso, se observa con un diseño de líneas y puntos fuertes que recuerda visualmente a un mapa de metro de cualquier ciudad. Múltiples contactos y puntos de intercambio que posibilitan ir de una lugar a otro por muchas combinaciones.

En definitiva, la navegación por ese territorio transmedial (mapa de metro) significa ser miembro activo, dejar huella en lugares y llegar a variados destinos por las líneas de contacto. En ese “viaje” se transita por estaciones de simulación, de falsedades, de ilusión y de intangibilidad, sin dejar de estar presente en la participación, la conversación y en los distintos territorios (virtuales y físicos).

Todo ese entramado de relaciones y participación configura una transmedia concreta que puede verificarse en variados ejemplos que existen en los disntos medios de comunicación y en diferentes espacios; pero también son acciones que podrían inducir a la participación falsa, a crear una ilusión de participación de prosumidores cuando es solo un simple receptor. Además, la idea de transmedia crea una ilusión que, mucho más que una idea ilusoria, es directamente una falsedad, ya sea por intención de crear un mundo diferente del real o de falsedad por saturación.

La mutiplicidad, la mezcla, la discontinuidad, los caminos inciertos, los andenes donde nadie se puede bajar (continuando con la idea del metro), los recorridos sin final, pero sobre todo la confluencia de gran cantidad de mensajes y personajes, de acciones y posibilidades, dan como resultado una transmedia falsa, que se ve ampliada por simple saturación. Y parece transmedia cuando solo es saturación de información. Y por supuesto, sigue pareciendo ser una comunicación transmedial y narrativa. Podríamos tener ilusión simplemente por la multiplicidad de dispositivos y participación.

La idea de un mundo de confluencia de ilusiones y realidades ya estaba presente en la Alegoría de la caverna de Platón, con sus personajes, sus acciones, su necesidad de narrar, de la realidad comentada, de ilusión generada, de los miedos, y sobre todo la negación por desconocimiento. En el mundo actual podemos pensar que estamos en una transmedia cuando en realidad seguimos encadenados en el fondo de la caverna.

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